Hace ya algunos años, Jose Mª Iribarren dejó escrito en «El porqué de los dichos» (1954), este mismo post que me dispongo a escribir yo ahora. Y logró hacerlo en un solo párrafo que aquí traigo, pues en él se encierra casi todo lo que diré y así se ahorran el texto y van directamente a los gráficos: “El verbo birlar significa en el juego de bolos, tirar por segunda vez la bola desde el punto donde paró la primera, que -como suele ser cercano a los bolos- proporciona el derribar muchos. El Diccionario de la Academia pone como segunda acepción el propio verbo: matar o derribar a alguno de un golpe, con escopeta, ballesta u otro instrumento. Metafísicamente equivale birlar, según la misma autoridad, a conseguir uno el empleo que otro pretendía. En germanía o caló, birlar significa estafar, y birloque, ladrón. Con estos antecedentes, ¿habrá fundamento suficiente para presumir que arte de birlibirloque sea una frase imitativa, equivalente al arte de birlar, hurtar o estafar de repente, por sorpresa, con destreza o maestría?”.

CISAbril13

Tirar por segunda vez la bola desde el punto donde paró la primera. Ya advertíamos en «La insoportable levedad de la media» contra la simpleza de leer como un “suspenso ciudadano” las calificaciones medias de los políticos en los sondeos. El último barómetro del CIS ha vuelto a ser ocasión para el retruécano, aun combinando la interpretación genérica (“los politicos”) con la personalizada bipartidista que en ocasiones excluye del trance a Cayo Lara y Rosa Díez. Empero, si los suspensos de Rajoy o Rubalcaba les hunden en la zona abisal, Díez y Lara no sacan la cabeza del agua y corren idéntico riesgo de perecer ahogados. De hecho, como muestra el gráfico siguiente, si por algo se distingue el último barómetro del CIS es por extender -entre enero y abril- la misma pendiente de caída a todas las medias.

medias

Matar o derribar a alguno de un golpe, con escopeta, ballesta u otro instrumento. Por lo general, los datos de opinión pública no son un libro abierto. Ni unos posos de té. Se asemejan más a un cristal poliédrico, imperfecto y limitado, que debe ser observado desde diversos ángulos, buscando múltiples descomposiciones de luz. Se trata de mirar varias veces y varias distintas cosas. Un suponer: observar las valoraciones de los líderes políticos a partir del número de “ceros patateros” que reciben de los ciudadanos en esos mismos barómetros del CIS. Nótese -para abril de 2013 no disponemos aún de los datos- el paralelismo inverso casi perfecto entre este gráfico y el anterior. ¿Perciben ya que el número de ceros que cosechan Rajoy y Rubalcaba es suficiente para tirar abajo sus medias? ¿O tendremos que ir finalmente a por una ballesta de verdad?

ceros

Metafísicamente, conseguir uno el empleo que otro pretendía. Las perfectas medias, y su perfecto orden, acaban ahora casi siempre en una nueva metafísica sobre preferencias ciudadanas y sistemas de partidos. Les contaré un secreto. Antes, los ceros medían polarización y sesgo. Ahora, a medida que aumentan, miden cabreo. Un cabreo en aumento, obviamente. Y que no perdona a nadie. De hecho, crecientemente, quienes ponen ceros, ponen ceros a todos. Por ejemplo, en el barómetro de enero puede comprobarse que el 31% de los ceros a Rubalcaba es también un cero a Cayo Lara… O que el 43% no conoce o no valora a Cayo Lara. ¿Se imaginan lo que ocurriría si ese 43% de ceros a Rubalcaba conociese o valorase a Cayo Lara?

Ya lo dijimos, la pulcra disposición de las medias oculta un dato relevante: el nivel de conocimiento. El índice de aprobación (% de encuestados que ponen un 5 ó más a cada líder) computa el impacto del nivel de conocimiento en la valoración ciudadana. El cuadro resultante no encaja demasiado bien con la nueva metafísica. Rajoy y Rubalcaba pierden aprobados como quien se desangra, cierto, pero nadie viene a ocupar su lugar. De hecho, mi vieja metafísica lo que dice es que muy probablemente Díez y Lara, empezarán a perder los niveles alcanzados tras la movilización electoral de 2011.

aprobadosEl arte de birlibirloque. ¿Habrá fundamento suficiente para presumir que es birlibirloque el juego de datos que empieza en «los políticos suspenden» y acaba -por sorpresa, con destreza y maestría-, en un pronóstico electoral que levita? Y digo que levita porque se están haciendo estimaciones electorales en terreno movedizo, casi en el aire. La fuerte caída de la intención declarada de voto hace de la estimación un ejercicio nuevo, que obliga a revisar viejos supuestos. Sobre todo cuando, como es obvio, la intención que se hunde no es sustituida en otra opción.

intvoto

El escenario para la levitación se completa con una participación estimada de la mitad del electorado. Al festín se apuntan incluso profetas declarados de la participación (?). En fin. Doble contra sencillo a que no se cumplirá. Es ahí donde se halla el verdadero desafío analítico más allá de las estimaciones. ¿Por qué ha descendido la intención declarada de voto? ¿Qué significa? ¿Qué pasará cuando acudan a las urnas -que acudirán- muchos de esos que callan ahora? Esas y otras preguntas son el reto, también político, más que el empeño en un ejercicio de nivelación topográfica -a corto- en medio de un terremoto.

Se cumplen estos días 20 años de la gran debacle de las estimaciones electorales en España. A su propósito escribí mi primer artículo en prensa: «Los sondeos desmienten a los votantes». Al paso que vamos, habrá ocasión de recuperarlo. Porque a veces parece que el espectáculo reclama celebrar aquel fiasco por todo lo alto. Que las próximas elecciones sean las europeas favorece la continuación del show. Muy bien, que siga. Pero no se quejen de las candidaturas saltimbanquis que vendrán. Ni echen luego la culpa a las encuestas, que nos conocemos.

¿Birli birló lo qué? Birlibirloque. Y ya.


Addendum: Sobre estimaciones en el momento presente, José P. Ferrándiz publicó ayer alguna precaución que se echaba en falta. Aunque no llegue al papel, donde vende más una cocina pop con aspectos interesantes, pero horribles confesiones.

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