Grande ha sido la sorpresa, y aún más grande la alharaca, con que se ha recibido la última estimación electoral del Euskobarómetro. No menor que la sorpresa misma de ver tanta vestidura rota y tanta impúdica exhibición de duelo, en un país tan poco dado a estas expansiones del espíritu. Hablo, naturalmente, de Baskenland, donde se tiene a gala no emitir sonido alguno ni cuando te depilan con cera caliente los genitales. Pero hete aquí que la irrupción de los Podemitas ha obrado el milagro y de pronto hay quienes, transidos, saludan el Año Teresiano haciendo de monja en éxtasis, sin pudor y sin medida. Será quizá que sale a la luz ahora tanta depilación silenciada y, claro, sobreactúan por falta de costumbre. «Y tan alta vida espero, que muero porque no muero». La última manifestación del misterio denuncia una supuesta conspiración energético-demoscópica-televisiva, a cuenta del error en la infografía en el programa de Iñaki López en La Sexta.

«Hamaika ikusteko jaioak gara», es fórmula en euskera para expresar sorpresa ante algún hecho inusitado y literalmente viene a decir que hemos nacido para ver once. El problema es que no eran once sino veintiuno. ¡21 escaños para Podemos! ¡En Euskadi! «Intolerable», dijo uno; «El acabose», observó la monja desvaída; «Vayamos a Pancorbo a defender el desfiladero, estos no entran, te lo digo yo», replicó la más belicosa. «Que me los pongan para cenar, al Pablo ése y a los seiscientos del euskobarómetro que, como son pocos, después acompañaremos de unas alubias con sacramentos, bacalao con piperrada, chuleta de kilo y pantxineta», terció por fin el más sensato, para zanjar el asunto sin dejar de comer.

¡Y todo por una estimación electoral! Que una semana antes, y con base en los mismos datos, se hiciera público que Pablo Iglesias Turrión«un político de Madrid» en el argot local- recibiera el aprobado de 2 de cada 3 vascos, por encima del número de aprobados que haya obtenido nunca ningún político vasco, no despertó asombro ni escoció. Quizá porque se atribuyó a un folklorismo pasajero y sin consecuencias. Es cosa sabida que los gustos televisivos de la audiencia vasca son parecidísimos a los del ebropabajo y Pablo, el chico ése de la coleta, había entrado también en nuestras casas torre con su piquito de oro, siendo ya como de la familia, aunque ciertamente el arrobamiento con que la niña miraba al que llama «su Pablo» empezaba a preocuparnos. ¡Pero 21 escaños! «El acabose», volvió a repetir la monja, más desvaída que antes.

El quid del misterio descansa en el carácter adivinatorio y determinista con que los expertos de ocasión, novicios de vocación, se aproximan a las estimaciones electorales que se publican (éste es, precisamente, mi principal reparo a que las estimaciones se hagan públicas). Cuando un partido solicita una estimación electoral, no lo hace como si acudiera a una pitonisa para saber qué futuro le aguarda. Entre otras razones, porque solo hay un futuro que le interesa: maximizar sus votos y debilitar electoralmente a los adversarios. Lo que en verdad quiere saber es qué presente tiene, para actuar sobre él y lograr que el escenario futuro se aproxime al que desea. Los sondeos buenos y las estimaciones buenas, por tanto, no son los que le dibujan un futuro esplendoroso, ni tan siquiera los que “aciertan” el futuro, sino los que le permiten dar en el momento presente con las claves que mejoren su futuro. Es perversión de novicios calenturientos tratar los sondeos como si fueran vísceras de cabra arrojadas sobre la piedra para conocer si el emperador tendrá hijos varones fértiles. Una perversión de la que luego responsabilizan a la práctica demoscópica, sentenciando lapidarios que las encuestas «no acertaron». Menuda jeta, que decía Potato.

EBEstimacionVayamos a los datos sin más demora. Las estimaciones del Euskobarómetro, y así debieran hacer todas, incluyen siempre el dato bruto de intención directa de los encuestados, es decir, lo que los encuestados declararon al ser preguntados por su voto futuro, sin cocina ni correcciones. También debe advertirse siempre que la estimación no es más que el resultado de aplicar un modelo a los datos de intención directa y otros datos de opinión, los cuales por sí mismos no proporcionan ninguna proyección de resultados electorales; por tanto, la aplicación a los mismos datos de otros modelos puede resultar en estimaciones diferentes. Tanto es así que la tabla anterior recoge mi particular estimación a partir del mismo fichero de datos y -como puede comprobarse- difiere algo de la estimación publicada.

Lo que no cambia es la intención directa de los encuestados, porque eso es lo que ellos contestaron al ser preguntados por su voto. Por eso mismo es un dato imprescindible para valorar la estimación. Hay que tener en cuenta, además, que a las incertidumbres habituales que rodean cualquier previsión electoral a medio y largo plazo, se añade ahora un contexto de profunda desafección y la entrada -de momento impetuosa- de un nuevo actor, todo un stress test para los modelos habituales de estimación. En todo caso, y como subrayé antes de la escandalera, el dato que no podía pasar inadvertido es que un partido desconocido -en el momento de realizarse el trabajo de campo ni siquiera se había constituído como tal- alcanzase una intención directa de voto del 19,3%, es decir, que 1 de cada 5 afirmaba que en unas autonómicas le votaría.

Lo más curioso del caso es que había habido señales previas, solo que la perspicacia de nuestros expertos novicios debía encontrarse en ese momento de vacaciones. A principios de noviembre, el Gobierno Vasco publicó unas estimaciones de voto para las próximas elecciones forales. La publicación de la estimación incluía esta vez los datos de intención directa, algo que el Gabinete de Prospección Sociológica no ha practicado con asiduidad, por decir así, de modo que sus estimaciones semejaban a veces un ejercicio místico. El trabajo de campo se había realizado a comienzos de octubre y estos eran los datos para Bizkaia.GVBizkaiaLa estimación -aquí “previsión”- se llevó todas las miradas del noviciado, que no reparó (no se sabe si por ignorancia o prejuicio) en la intención directa de voto. Pero el hecho cierto era que en Bizkaia, con 1.106 encuestados para cuatro distritos, con un trabajo de campo realizado un mes antes y por una empresa distinta, la intención de voto a Podemos (12,4%) era ya la segunda del ranking y había superado la de EH Bildu (10,8%). La diferencia fundamental es que ese 2º puesto en intención directa se convertía en la estimación en un empate con el PP, allá por la 4ª ó 5ª posición. Otrosí, el 10,8% de intención de EH Bildu se duplicaba en la estimación hasta el 21,6%, mientras el 12,4% de Podemos encogía hasta el 9,5%.

¿Estamos entonces ante una estimación falsa, manipuladora o metodológicamente débil? En absoluto, ya he dicho que los datos de intención no proporcionan por sí mismos ninguna proyección de resultados electorales, que es necesario interpretarlos, valorarlos, “cocinarlos”, ése es el trabajo del estimador. Con las incertidumbres actuales además, un trabajo especialmente complicado. El problema no es una estimación u otra, unas hipótesis u otras, sino el fervor religioso con que los novicios las contemplan, no viendo o no queriendo ver lo que no les gusta, aferrados siempre a la fe de que todo tiene que seguir siendo igual, previsible y como ellos quieren, en Baskenland.

Cuando el Euskobarómetro oficializó el fenómeno Podemos también en Euskadi, repercutiendo en sus estimaciones una intención de voto que hasta mediados de noviembre seguía en ascenso y era ya muy alta, esos mismos novicios respondieron del único modo que saben: cerrando los ojos, negando los datos, culpando al mensajero, repitiendo una y otra vez que no puede ser, que en Euskadi no, como si la mera repetición ejerciera el exorcismo. Pero no es éste territorio de creyentes. Ni para unos ni para otros está el futuro escrito y es seguro que volverá a haber cambios. En todo caso, siempre será verdad que ni las encuestas determinan la realidad, ni cerrar los ojos tampoco. Por eso, algunos, preferimos seguir mirando.


Entre la encuesta de Gobierno Vasco y la del Euskobarómetro, el diario Gara publicó estimaciones para las elecciones forales de cada territorio (400 encuestas en cada uno, a pesar de la división interna en distritos). Pero la no publicación de datos sistemáticos sobre intención directa en Álava, Bizkaia y Gipuzkoa, no así en el caso de Navarra, impide aventurar alguna evolución intermedia que no dependa de la estimación.

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